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17/12/2005

LUZ DE MAR, LUZ DE AMAR

Desafortunadamente y en demasiadas ocasiones creemos que no vale la pena hacer nada; que somos insignificantes, que nuestra aportación se pierde irremediablemente en el vacío; que es imposible contribuir a algo; que solo somos uno ante una humanidad entera que llora y sufre, sin ser conscientes que muchas veces empleamos expresiones como fue la gota que colmó el vaso. Y fue solo una gota. Porque pues no puede ser la gota que sencillamente refrescó y despertó a otra y así sucesivamente hasta llenar el aljibe o pozo. La lluvia es eso: una manada de gotas que deciden hacerse presentes e irrumpir a la vez en un mismo sitio o lugar. Quiero presentaros un cuento muy real que hace que cualquier banalidad sea sumamente importante y convierte todo esfuerzo en un auténtico y vital “vale la pena”.

Cierto día, caminando por la playa reparé en un hombre que se agachaba a cada momento, recogía algo de la arena y lo lanzaba al mar. Hacía lo mismo una y otra vez. Tan pronto como me aproximé, me di cuenta de lo que el hombre agarraba eran estrellas de mar que las olas depositaban en la arena, y una a una las arrojaba de nuevo al mar. Intrigado, le pregunté sobre lo que estaba haciendo, y él me respondió:

Estoy lanzando estas estrellas marinas nuevamente al océano. Como ves la marea es baja, y estas estrellas ha quedado en la orilla; si no las arrojo al mar, morirán aquí por falta de oxígeno.

Entiendo, le dije, pero debe de haber miles de estrellas de mar sobre la playa… no puedes lanzarlas todas. Son demasiadas. Y quizás no te des cuenta de que esto sucede probablemente en cientos de playas a lo largo de la costa. ¿No estás haciendo algo que no tiene sentido?

El nativo sonrió, se inclinó y tomó una estrella marina; y mientras la lanzaba de vuelta al mar, me respondió: ¡Para ésta sí tiene sentido!

Sobran las palabras, verdad?; pues cambien ahora el vocablo estrella de mar por el de persona humana. Es abrumador, no!? Cuantas oportunidades desaprovechadas, cuantas semillas desperdiciadas, cuantas vidas probablemente segadas!? Las excusas, las posibles dudas, las consentidas perezas y hasta todos los ¿total para que? y aun así posibles se desvanecen y mueren. Sí, por fin mueren.

Vale la pena haber vivido ya no para que nos digamos ¡para ésta sí tiene sentido! sino para que alguien diga en un futuro no lejano ¡Para mi si tuvo sentido!

Sebastián Adrover